Los primeros rayos de luz que avecinaban la salida del sol, se colaron a través de la persiana. Esos rayos, que rara vez me despertaban, hoy lo hicieron, aunque todavía luchaba entre ser un zombie o ser yo. En breves, sentí el terrible sonido del despertador que indicaba que por hoy, no iba a dormir más. Debía ir a clase. Aparte las sábanas de mi y cogí la primera sudadera que encontré. Me puse unos pantalones, cogí las zapatillas y baje al piso inferior. Allí se encontraba mi madre, que había preparado ya, tostadas y café.
De repente, empecé a observar la cocina, entonces, por primera vez vi que mi madre tachaba los días que ya habían acabado. Y para mi sorpresa, pude ver que día era hoy. 20 de Mayo de 2005. Me quedé petrificada, pero mi madre no había debido de darse cuenta porque salió a toda prisa por la puerta del garaje sin decirme nada, supongo, que llegaría tarde al trabajo. Y seguía allí, con la mirada fija en la fecha de hoy. Dado que estaba solamente yo en casa decidí que no servía de nada aguantarme lo que sentía en aquellos momentos. Lo primero que sentí fue una lágrima rodando por mi cara. Luego fue ira, tire lo que tenía alrededor y comencé a gritar. Cuando conseguí entrar en razón y ver que estaba comportándome como una niña pequeña, eché un poco de café en una taza, recogí las cosas que había tirado y me dispuse a subir las escaleras. Recuerdo que ese día llegue tarde a clase. Bueno, que subí las escaleras y me dispuse a entrar en mi cuarto. Cogí una silla y me subí a ella, para poder alcanzar la parte superior del armario. De allí saqué una vieja caja, descendí de la silla y me senté en la cama. Abrí la caja, lo primero que había eran fotos. Sentí como si alguien me estuviese comiendo el corazón por dentro. Las deje sobre la cama, no quería forzarme a verlas, sabía perfectamente como eran. Luego había cartas, debían ser cerca de cincuenta o probablemente más. Las había escrito a lo largo de casi dos años, pero un día decidí dejar de hacerlo. Cartas que nunca fueron dadas a su destinatario, o quizás si, pero tarde. Lo último que había era una pulsera de vistosos colores, me la puse. En ese momento, las palabras que resonaron en mi cabeza fueron: ''Siempre te querré y estoy harta de aceptar que debo olvidarte pero que no podré.'' Pase de maquillarme, pase de ir a clase, pase de intentar aparentar que mi vida era perfecta.
<<Era 11 de Diciembre, quedaba tan solo una semana y media para dar finalizado el primer trimestre. Estaba contenta con mi rendimiento durante los tres primeros meses de curso, todo iba bien. Bueno, a lo que iba. Ese día había ido a vacunarme por lo cual había faltado a primera hora. A segunda teníamos educación física o como todo el mundo la conoce, gimnasia. Así que cuando llegué, toda mi clase había bajado ya al gimnasio. Menos él. Por cierto, su nombre era Syd. Cuando pude observarlo bien, me di cuenta de que era la persona más bella que nunca había visto. Bueno, eso, que él estaba allí, sentado en su esquina de siempre. No había hablado más con él desde lo del bolígrafo, pero ese día las palabras salieron solas. Le pregunte si no iba a ir a clase y lo que dijo fue que como era la última clase no haríamos nada de provecho, que no iría y que menos, notaría alguien su ausencia. En ese momento recuerdo como me deje llevar. No pensé en que debía de ir a clase, me acerqué a él y comencé a hablarle. Le pregunte sobre música, sobre él, sobre la vida y a mi sorpresa, había numerosas cosas en las que nos parecíamos y también otro tanto de cosas en las que eramos completamente, dos polos opuestos. La hora paso rápido, demasiado. A mi, que me gustaría que esa hora todavía se mantuviese. Que durase para siempre. Pero no fue así, él ahora no está a mi lado contándome lo que hizo la noche anterior...
Cuando sonó el timbre, me confesó que siempre salía corriendo para conseguir mezclarse entre alumnos más mayores y poder salir fuera a fumar. Me dijo, me caes bien. Dijo chao, sonrío, se fue. Y creo, que ese día mi vida comenzó a tener algún tipo de sentido, creo un vacío nuevo pero que si él estaba cerca, desaparecía. Los días siguientes a ese seguimos hablando, aunque a veces, él me ignoraba y yo suponía que no significaba para él, lo que él para mi. Y así nos pasamos meses, hasta aquel 20 de Mayo de 2003..>>
A life, a love, a lie, a dream, a feeling. A lot of feelings. Deceptions. Happiness.
Cuando te levantes cansado de vivir, vacío y pienses atarte una cuerda al cuello y acabar con todo, recuerda. La vida es un regalo maravilloso, lucha por lo quieres y cambia lo que no te gusta.
sábado, 2 de febrero de 2013
viernes, 1 de febrero de 2013
Capitulo 1.
¿Os habéis dado cuenta de que nadie recuerda el momento en el que nació? ¿Será que es tan doloroso que se elimina? ¿Que será más doloroso, el momento en el que salimos por la vagina de la que nos tocó que fuese nuestra madre o la vida misma, los acontecimientos desagradables que nos ocurren cuando empezamos a tener conciencia?
Mi nombre es o era, mejor dicho, Kaia. Kaia Hestoon.
Había trascurrido el verano del 2003, creo. Era Septiembre pero ya no recuerdo el número del día. Era el primer día de clase, las temperaturas ya habían descendido y el viento cada vez traía más la sensación de otoño. Bien, yo no tenía nada en contra del Otoño, bueno, no tenía nada en contra del mundo, la gente me quería y yo quería a la gente, en la justa medida. Debía de tener 13 años todavía, a punto de cumplir los 14. Ese día estaba convencida de que seguiríamos los de mi clase del año pasado, juntos. No me equivoque. Era genial, según mi punto de vista, hasta que, cuando entre en la clase y todos estaban ya sentados con respectivos sitios escogidos, le vi a él. Estaba apartado, sólo, en la esquina más distante de la clase. Bien, no me fije demasiado en él, en esos momentos de mi vida era bastante vergonzosa, pero debía sentarme a su lado, ya que era el único sitio que quedaba libre. Nos estaba repartiendo él que nos había tocado de tutor, un papel con el horario, las actividades previstas para este y demás cosas. Recuerdo las palabras del profesor: ''Espero que hayáis traído un bolígrafo, porque eso significa que empezaréis con buen pie, tomad los siguientes apuntes...'' Creo que en ese momento solté un alarido o un 'joder'. Así que, sin mirarle a los ojos, torné la cabeza hacía mi nuevo compañero y con voz entrecortada le pregunté si tenía un bolígrafo, su contestación fue: ''Puedes coger el mío, antes de entrar por esa puerta tenía claro que no iba a empezar bien el curso, así que no lo necesitaré. Tómalo.'' Me lo tendió y aunque quería decirle que escribiese él, ya lo tenía en la mano antes de darme cuenta y simplemente, solté un seco gracias. Aquellas palabras, hicieron que quisiese saber más de él, que sintiese un interés que nunca había contenido en mis pensamientos por otra persona. Quería preguntarle su nombre, de donde era, que le gustaba hacer. Quería conocerle. Pero no hablamos más ese día, ni ese día ni las semanas que vinieron después. En cuanto sonaba la campana salía corriendo y no sé donde se metía. Nunca lo supe. Y por el resto del tiempo, no me atrevía a hablarle. Hasta aquel día de Diciembre...
Introducción.
<<¿Me prometes que siempre me recordarás, que por muchos años que pasen, por muchos kilómetros que nos separen, siempre recordarás que nuestras almas están ligadas?>>
Corría el año 2005, creo recordar que estudiaba 1º de bachillerato en un pequeño instituto de Austin, Texas. En aquellos momentos de mi vida, no se me era permitido quejarme de nada, según todos, vivía una vida demasiado perfecta como para tener algún reproche hacia ella (yo sabía que si sintiesen lo que sentía yo en el alma y viesen lo que me trasmitía la vocecita esa de la razón que habitaba en mi cabeza, no pensarían que mi vida es tan estupenda), es cierto, que tenía buenas amigas con las que pasar el tiempo que no dedicaba a estudiar y demás tareas. Un novio que me quería tal y como era. Unas buenas notas y unos padres que me apoyaban en cada decisión que decidía tomar. Lo que ellos desconocían era el vacío que había en mi vida desde hace dos años atrás.
Corría el año 2005, creo recordar que estudiaba 1º de bachillerato en un pequeño instituto de Austin, Texas. En aquellos momentos de mi vida, no se me era permitido quejarme de nada, según todos, vivía una vida demasiado perfecta como para tener algún reproche hacia ella (yo sabía que si sintiesen lo que sentía yo en el alma y viesen lo que me trasmitía la vocecita esa de la razón que habitaba en mi cabeza, no pensarían que mi vida es tan estupenda), es cierto, que tenía buenas amigas con las que pasar el tiempo que no dedicaba a estudiar y demás tareas. Un novio que me quería tal y como era. Unas buenas notas y unos padres que me apoyaban en cada decisión que decidía tomar. Lo que ellos desconocían era el vacío que había en mi vida desde hace dos años atrás.
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